16 de juliol 2013

Vamos ciegos, perdidos, a tientas



Prossimamente... in another country
(19.VI.2013, AlegriaDeLaHuerta, Torino)


Es sorprendente lo decadente y estiloso que puede ser todo a la vez. Fachadas erosionadas por el tiempo de una realeza que se perdió, a la que se echó. He visto cosas sorprendentes, olores que despiertan el apetito de caminar y no parar. De todas maneras el cansancio llega, es inevitable, dormir cuatro horas durante tres días acaba pasando factura. 

La chica se disculpa, que no habla muy bien en inglés y le quito un peso de encima al decirle que me hable en italiano. De hecho hace una cara de incrédula mientras me recita el menú muy lento. Acabas de enviarme un mensaje, preguntas si como y justo estoy esperando el plato de macarrones, mientras me han traído un agua con gas exquisita. Han quitado el servicio de delante. Una mesa de dos para uno, es triste. No. Es triste cuando quieres que haya alguien delante, no está y no sabes qué cara tendrá. No es triste si no hay nadie delante, no está pero sí es, sí conoces su cara. Acabo de ver cómo han tirado mis macarrones en la olla, el ragú calentándose y el agua hirviendo. 

Creo que he escogido un buen sitio. Al lado hablan de ciencia, de ingeniería, de periodismo ¡qué cosas! He visto que están reformando la Academia delle Scienze. También en un festival de escritores y editores las banderolas eran magníficos insectos y minerales, qué bonita mezcla hacía todo. Torino parece un lugar en plena ebullición, cultura por todos los costados. 

Carnicero cocinero que come mientras cocina, que domina la parrilla, el corte y el punto de la carne. Llega un momento en el que el cansancio puede más que el hambre y más si ésta ya se ha satisfecho. No puedo creer que esté pensando en no llegar a los postres, el cansancio me vence, a penas son las nueve y ya estaría en la cama. 

Volviendo al tema, pienso en qué fácil es habituarme a una rutina casera, a volver a compartir, a volver a descubrir, y esa cotidianidad tan deliciosa. Como tarden un poco más me encontrarán frita sobre los cuatro macarrones que me han sobrado. No me sonaba nada extraño cocinarte y esperar a que llegases de tu fin de semana, en tu casa. Me imagino escuchando el chirriar de la puerta a tu entrada y tú oliendo lo que hubiera preparado para cenar a tu llegada. Una ducha y que la cena se enfriase, quién sabe si el asalto hubiera sido en plena ducha o en la habitación mientras te vestías. ¿Quién sabe lo que hubiera pasado? Seguramente será de otra manera, seguramente. 

Una vez entré en una casa, la que había sido el plató de una película. Empecé a vivir dentro de esa película que había visto hacía meses, y nunca llegué a pensar que allí podría pasar lo mejor y lo peor, lo mejor y lo peor. Nunca quise creer que el desenlace ya estaba escrito y que, después de aquellos títulos finales de crédito, muchas cosas magníficas aún estaban por llegar. Esta vez parece que no he visto la película, vamos ciegos, perdidos, a tientas. Cada película es diferente, no solo los actores, sino también los ingredientes, los momentos, los tempos, las dinámicas. [...] 

[...] Quizás la solución no sea ninguna, sino todas juntas, como en un test. No está aquí delante pero sí está. ¡Qué cosas! Qué bonito, en qué paz me siento, con una tranquilidad inusitada. Tener la sensación que necesita un tiempo para que vaya creciendo...

19.VI.2013, Torino


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