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16 de maig 2012

Leer, la magdalena de Proust


Quiero saber todo de ti, [...]
desnudarte desde el comienzo cuando no podía verte.
Conocerte, Second




Regalan una novela a alguien que no las lee, siempre se le quedan en la parte baja de la pila. En la mesita de noche y en el bolso siempre tiene ensayos y artículos científicos. Promete que lo leerá mientras se lo quito de las manos. Discuten si el autor es alemán o austriaco cuando leo en la portada Contra el viento del norte de Daniel Glattauer, y yo pienso si ahora ella solo lee y escribe en inglés! Pero qué más da, ya forma parte de su vida y con ella volará en unas horas hacia Zurich. Me abstraigo de sus insistencias en saber sobre mi vida sexual, amatoria, sentimental y amorosa para sumergirme en la sinopsis del libro:
En la vida diaria ¿hay lugar más seguro para los deseos secretos que el mundo virtual? Leo Leike recibe mensajes por error de una desconocida llamada Emmi. Como es educado, le contesta y como él la atrae, ella escribe de nuevo. Así, poco a poco, se entabla un diálogo en el que no hay marcha atrás. Parece solo una cuestión de tiempo que se conozcan en persona, pero la idea los altera tan profundamente que prefieren posponer el encuentro. ¿Sobrevivirían las emociones enviadas, recibidas y guardadas un encuentro «real»?
Entonces de nuevo me llegó el olor de la magdalena de Proust y me pesó tu ausencia. Te busqué, te encontré, pero tu no lo sabías. Un tira y afloja. Una presencia y un olvido. Un suave oxímoron inundando por puntos suspensivos en cada una de nuestras misivas. Fue tan fuerte ese olor que llamé de nuevo a tu puerta.

Me has abierto y,
aún desconcertada,
me has invitado a pasar al recibidor.


15 de maig 2012

Escriure, la magdalena de Proust



Dibujo de los dos cráneos y su trepanación
(arriba mujer, debajo hombre) en AgenciaSinc
Imatge: Esther Gómez López



M'estic fent un bullit, de mongeta tendra i patata. Qui no escriu després no té memòria. Fa temps que no escric, vull dir, que no escric com ho feia abans. Avui me n'he adonat mentre tallava la mongeta tendra, com si de la magdalena de Proust es tractés, que si no escric no recordaré. Tallar la mongeta i aparellar mitjons era una d'aquelles coses a les que em sentia obligada quan era petita, i ara... són la feina del dia a dia que em retorna al passat. Jo abans escrivia, en paper, i em servia com a teràpia i per poder fer-me'n un tip de riure ara. Però en l'era digital ja no escric, ja no sedimento records, ja no tinc memòria. Aquests dies prenc unes pastilles que com a efectes secundaris podria no crear nous records, no em fa por perquè fa temps que no recordo res. La rapidesa i la volatilitat de la informació a la xarxa m'ha trepanat la consciència més profunda de l'ésser.