Ayumu se dijo:
- ¡No quiero estar aquí!
y se puso los zapatos para salir de su propia vida.
Nada más quedó, tan solo una estancia vacía como testigo de la decisión. Un delgada línea roja que lo llevaba todo al borde del abismo. Un precipicio de velocidad lumínica y vacío atávico. La nada saliendo de la nada en busca de la ausencia de oscuridad.
Empezó a caminar sin rumbo, algo parecido a lo que había estado haciendo anteriormente, pero esta vez sin dar vueltas sobre las mismas baldosas.
Entonces se repitió:
- ¡Qué más da! Si todo llega a su fin sin más trascendencia que la propia consciencia de uno mismo. Sin querer estar en un presente que no me satisface, me desplazo hacia un punto ignorado donde probablemente tampoco me satisfaga.
Siguió caminando mientras las suelas de sus zapatos se disolvían en el asfalto.